Nuestro impacto en Mathare

Slums Dunk en Mathare – Historia

La primera vez que entré en Mathare fue el jueves 25 de marzo de 2004, estas son las impresiones recogidas en mi diario: “Caminamos durante horas bajo un sol hirviente, recorremos todas las calles (claramente en el suelo) y caminos, pasamos entre las alcantarillas abiertas que fluyen en parte de las casas, me parece que nunca he estado en un lugar más feo… y sin embargo me dicen que hoy sólo hemos visto ¼ de la barriada, ¡que ésta no es la parte más fea y peligrosa! Ese día me encuentro y me acompaña Dominic Otieno. Aclaremos el carácter. Dominic, alias Mimmo, sinceramente es al baloncesto como la piña a la pizza… no tiene nada que ver. Es enano y diminuto.
Ese mismo día tengo la suerte de tener otra reunión importante. A las 4 de la tarde salgo y tras 3 autobuses y casi 2 horas de viaje (para un total de 20 como máximo) llego al Centro Kivuli a tiempo para el entrenamiento de baloncesto. De niño, el baloncesto era mi pasión, pero era demasiado bajo. Cuando por fin, a los 17 años, ya era lo suficientemente alto y empezaba a jugar bien, me rompí el cruzado de la rodilla por primera vez. Cuando llego a Kenia mi carrera de baloncesto está casi terminada, disfruto jugando con un antiguo equipo de Padua en la primera categoría. En Kenia, objetivamente, soy uno de los mejores del equipo que juega en la serie B de Kenia. Tengo que aclarar algunas cosas. En primer lugar, el campo es tan grande como medio campo y está formado por muchas casillas molestas y bastante peligrosas… 6 años después quizá no sea casualidad que aquí también me rompa el cruzado de mi otra rodilla. Otra peculiaridad es el hierro fijado por elección a una altura de 3,24 metros. Con un concepto típico del Bronx-en-Salz-Africano, la idea era llegar a hacer un mate a esa altura y luego hacer un mejor mate durante los partidos normales. Creo que logré tocar la plancha un par de veces, pero un par de tipos con dinamita en los pies lograron hacer un mate. El juego giraba en torno a 3 principios: romper cualquier regla de pases y dobles regates, intentar hacer un mate, no defender.
Estos dos encuentros son importantes para mí y supongo que también para Slums Dunk, ya que 10 años más tarde en Mathare comenzará la construcción de la primera cancha de baloncesto de Slums Dunk.
Pero avancemos en el tiempo. En 2005 se inauguró la asociación Karibu Afrika con la intención de promover los intercambios culturales y los proyectos de cooperación en Kenia.
En 2006 Dominic abre la Whynot Junior Academy, una típica escuela de barrio bajo diría yo. Empezó enseñando a los niños dentro de su casa, dando clases particulares por la tarde antes de ir con ellos al entrenamiento de fútbol. Al cabo de un tiempo, decide trasladar las actividades primero a una choza alquilada, de 3 metros x 2. Luego en 2 chabolas y finalmente en marzo de 2008 en 3 chabolas. La enseñanza es informal… pero todo es informal en la barriada. Al menos hay una apariencia de educación o al menos la idea de no dejar a los niños para que se jodan en la calle. En ese momento, Karibu Afrika comienza a buscar un terreno que pueda albergar la escuela. Incluso entonces no había mucho espacio en el barrio de chabolas, por lo que la única zona posible era la “chabola de Mathare”. Un lugar terrible… era el baño abierto de la barriada pero también una zona bastante peligrosa y violenta. Sólo pasamos por allí antes de las 5 de la tarde y fue un reto tratar de evitar las salidas. Una especie de “campo de minas”. Gracias a la buena producción de abono, a la humedad de la zona y al sol que se refleja en las chabolas de esta zona crecieron plantas bastante prolíficas entre las que destacan los gigantescos plátanos “orgánicos”.
La zona limita con el río Mathare, más conocido como río negro… sí, río negro por su color, negro. Cuando nos ofrecieron un terreno allí se me pusieron los pelos de punta. Antes de iniciar la construcción de la escuela, intentamos “tantear el terreno”. Era sorprendente… el suelo tenía una mezcla de tierra, bolsas de plástico, el habitual abono y cualquier otro tipo de residuo (zapatos, herramientas de trabajo, etc.). Los primeros días de trabajo fueron un frenesí: desbrozar, cavar, limpiar. La construcción estuvo bien planificada y en 3 semanas Whynot tenía un nuevo hogar. 2 flashes. Por un lado, los niños de Whynot que, a pesar del trabajo infantil, ayudaron a construir su escuela, bajando toneladas de piedras por una colina como si fuera un juego. En el otro Giancarlo dirigía el trabajo. Al no saber inglés ni suajili, los trabajadores habían aprendido los nombres de las herramientas en el dialecto bresciano.

Inmediatamente la zona alrededor del Whynot empieza a cambiar, varias personas empiezan a limpiar la zona, se abre un mercado de ropa, algunos afro-pioneros empiezan a cultivar en la zona junto al río, la zona se va limpiando y recuperando poco a poco gracias sobre todo a los miles de personas que empiezan a pasar por allí. En 2009 la escuela necesita más espacio y con la ayuda de Kahuria, el jefe de obra con la reconocible sonrisa de 30 dientes… 32 menos 2 porque le faltan los dos postes superiores. La obra de ingeniería, probablemente no conforme con ninguna ley básica de construcción… y física, llevará al Whynot a la segunda planta por primera vez.

En 2010 otro momento importante. Apoyado por la asociación L’Altropallone me embarco con Francesco, otro miembro de Karibu Afrika, Dominic y otros 2 compañeros de viaje en un proyecto-aventura que nos lleva a recorrer 8 países africanos durante el Mundial. Partimos de Kenia y llegamos a Sudáfrica. Todos los días realizamos actividades educativas y deportivas en la calle. El proyecto es un éxito. A la vuelta de ese viaje decidimos centrar todos nuestros esfuerzos en promover el deporte como herramienta para educar a las comunidades locales. En 2011, Francesco habló con un amigo suyo, Michele Carrea, que le habló de un jugador de baloncesto de Teramo, un italo-argentino que querría adquirir experiencia en África… le gustaría ayudar a los niños africanos a jugar al baloncesto. La oferta y la demanda se encuentran. Bruno también involucra a Tommy y nos ponemos de acuerdo con ellos para hacer actividades con varias escuelas y equipos de baloncesto de Kenia. Les pedimos una contribución de 200 euros cada uno para que podamos organizar todo de la mejor manera posible. La noche anterior a su llegada me meto en Internet para intentar ponerle cara a estos dos jugadores de baloncesto. En ese momento había muy poca información en Internet. Sólo he encontrado dos líneas y algunas estadísticas de la liga de baloncesto, pero no muchas cosas. Sinceramente empiezo a tener cierto miedo: pero no es que me vengan aquí dos jóvenes deportistas… ¡miedo! A las 4 de la mañana estoy en el aeropuerto esperándolos con una hoja A4 con sus nombres escritos. Varias personas bajan del avión de Egypt Air: varios árabes, algunos americanos y las azafatas. En un momento dado, justo por encima de dos ancianas orientales, veo a dos tipos con camisetas de tirantes, chanclas y sombreros. Me avergüenza haber traído la hoja A4… la rompo en 3 segundos. La primera impresión confirma todos mis temores, dos chicos jóvenes, incluso guapos, que llegan vestidos de Miami Beach. Desesperación. Al día siguiente empezamos a entrenar y todo cambió. Descubrí en Bruno y Tommy a dos personas especiales. Agradable, adaptable y flexible. Sólo recordar que en 2011 les hicimos dormir en una habitación de 9 metros cuadrados en la que había 3 en la habitación. Tommy y Bruno dormían en una litera… se salían de la cama unos buenos 20 cm. De ahí nació una amistad y, sobre todo, el proyecto Slums Dunk. El primer año fue una inspección con actividades junto con 10 equipos de baloncesto y un torneo final en el centro de Nairobi. A partir de 2011, la ONG Live in Slums también comenzará a trabajar en Mathare, reconstruyendo la Whynot Junior Academy en dos plantas en 5 veranos.

En 2012 realizamos el segundo campamento, esta vez centrando nuestras actividades en Eastleigh, la zona somalí de Nairobi. Comenzamos a probar el modelo actual de los campamentos de Slums Dunk. Por la mañana actividades con los entrenadores y por la tarde actividades con los chicos. Además de Tommy, también está Michele Carrea, mientras que Bruno se ve obligado a ir al palco por una lesión de rodilla. En 2013 ampliamos el campamento y contamos con la participación de 40 entrenadores, 20 en el curso básico y 20 en el avanzado. Realizamos las actividades en el colegio Utalj, donde tenemos a nuestra disposición 2 canchas de baloncesto con vistas a la barriada de Mathare. Todos los días, durante la pausa del almuerzo, Bruno y los demás bajan a Mathare… es allí donde nos gustaría hacer las actividades pero nos falta la materia prima… una cancha de baloncesto. Es hora de que Slums Dunk crezca y decidimos que nuestro próximo campamento en Kenia será en Mathare, en nuestra propia cancha de baloncesto.
Las obras de construcción de la cancha de baloncesto comienzan en marzo de 2014 bajo la dirección del Sr. Smile Kahuria. Algunos imprevistos, causados por el terreno y la proximidad del río, retrasan un poco la construcción y aumentan los costes. Para la llegada en julio de Bruno y los demás todo está casi listo… excepto la última capa de asfalto. El primer día se arreglan los hierros. El día después del partido de baloncesto comienza. Las dificultades son muchas porque el campo de juego no es completamente plano y por el polvo que cubre constantemente el suelo. El equilibrio es un reto. 1 mes después contratamos a una empresa local que en 2 días hace la última capa de asfalto.
En 2014 también iniciamos una colaboración con Amigos del Mundo, que puso sus educadores a nuestra disposición para llevar a cabo actividades de educación sanitaria en 10 escuelas de Mathare. En 2015 también iniciamos la colaboración con la ONG angloamericana TAG que durante los próximos 5 años colaborará con Slums Dunk y World Friends con el proyecto ‘Slums Dunk – Hoops for Kids’ para el desarrollo de la educación entre los jóvenes de Mathare con el uso del baloncesto.
En la actualidad, la cancha de baloncesto y la Academia Juvenil Whynot son probablemente los 750 metros cuadrados más habitables de la barriada de Mathate. El verdadero resultado no es éste, sino el hecho de haber “rehabilitado” una zona infame de Mathare. El día de su inauguración, en septiembre de 2008, no había ninguna otra escuela a menos de 50 metros del Whynot, hoy hay al menos 5 o 6. La zona es ahora mucho más habitable y la cancha de baloncesto es el orgullo de estos años de trabajo en Mathare.

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